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domingo, diciembre 18

Zona de confort

"Nada es para siempre, absolutamente nada" insistía del otro lado del teléfono y las lágrimas rodeaban mi rostro, las manos temblaban por el frío de aquella noche y mi cuerpo se debilitaba con cada palabra, cada recuerdo, cada suspiro, cada mentira, cada promesa, cada insulto al corazón. 

"Yo lo sé, es lo más irónico del caso. Sé tanto, entiendo, comprendo pero continúo. Ja, que estupidez" respondía con la voz quebrantada, conteniendo mi dolor, la tristeza, suprimiendo la felicidad que horas atrás había demostrado. 

"Mirate ahora, mira cómo estás" su voz me tranquilizaba pero mi mente argumentaba sucesos inexplicables, descorazonada lloraba, quería gritar y salir corriendo sin importar el dónde, ni el cuándo, para no regresar y pretender que el tiempo todo lo curaría, sin darme cuenta. 

"No puedo seguir huyendo, pero tampoco puedo enfrentar la situación" molesta, frustrada, desesperada ahogaba mis gritos en golpes contra la grama, mis piernas temblaban y mis manos heladas descontrolaban mi cabellera junto al viento. 

"Tarde o temprano lo harás, es como entrar a la piscina, al principio sentís el agua fría, fría, fría pero con el tiempo te vas aclimatando, acostumbrando" no respondí al instante, pero sabía que su razón y mi corazón iban de la mano y las palabras doblegaban aquel dolor, que semanas atrás había olvidado. 

"¿Y por qué no lo hago? Ja, soy tan estúpida." reía, gritaba, lloraba, insultaba y no encontraba otra manera de tranquilizar mi corazón y dejar de llorar, alejar toda la tristeza que días atrás no sentía. Y esa tarde, esa noche todo cambió, dio un giro 180º y las cosas volvieron a estar por los suelos. 

"No querés salir de tu zona de confort, pero tenés que hacerlo" zona de confort, repetí para mis adentros. Tiempo atrás no quise aceptar que era una situación tan agobiante que no quería salir de ahí, al menos no tan fácilmente. Porque la costumbre de sentirme triste, de bajar la mirada a los problemas y quedarme callada con las inconformidades se estaba volviendo parte de mi rutina, pero con el pasar del tiempo y mis malestares (tanto físicos como mentales) me dieron una señal muy grande. 

Tengo y debo salir de mi zona de confort. 
Aunque duela, extrañe, necesite, desee, ame con todo mi ser. 
Un paso más, un paso menos. 
La zona de confort me está matando, len-ta-men-te. 

Amelí.

Fotografía:  Atardecer en Las Camelias - Patzún.

martes, noviembre 8

Brisa


Sonrío con el viento y la brisa recae en tu mirada, tan dulce, tan humana.
Convivimos en la distancia y como extraños reconocimos nuestro ser impregnado de aquel amor a primera vista, enamorada de los sueños que me llevan hacía ti, a tu lado, contigo, conmigo, nosotros.
Recordamos los amores del pasado y las palabras se las llevó el viento, dejándonos vivir un presente con un pasado tan ausente, un futuro con un camino tan incierto e inseguro.

Nos volvimos a encontrar y mi corazón adolorido suspiraba por tu mirar.
Devolví amor y mi mundo enmudeció, en un devenir de amores y odios. Repetimos, transcurrimos, insistimos, reinventamos un sinfín de historias con desenlaces felices y radiantes.
Tan comediantes de una realidad insospechada, ilusionados del nuevo provenir, sin esperar, sin superar, sin perdonar, sin hablar. 

Callamos con palabras, hablamos con miradas, suspiramos enamorarnos como antes para reencontrarnos en un mundo sin pecado, sin juzgado, sin sentencia. Amarte con la fuerza proyectada, en mis besos y caricias, en los abrazos de un adiós y un siempre jamás.

Sonrío con (te amos) el viento y la brisa recae, sin más.

Amelí .